martes, 14 de diciembre de 2010

RESUMEN DE LA REGENTA DE LEOPOLDO ALAS "CLARÍN".


En Vetusta, una aburrida Ciudad de Provincia, vive Ana Ozores. Mujer joven, bella y encantadora, mejor conocida como la Regenta por estar casada con don Víctor Quintanar, ex Regente de la Audiencia.  Sufre un matrimonio por interés con un hombre mayor que ella y gran aficionado a la caza y al teatro del Siglo de Oro.  Este último comparte su afición a la caza con su amigo Tomás Crespo, más conocido por el apodo de Frígilis.
La Regenta buscaba en la religión un sentido a su vida monótona y aburrida.  Ana que ha sido hija de confesión del Arcipreste don Cayetano Ripamilán,  pasó a serlo, en adelante, del joven Magistral don Fermín de Pas; ya que, don Cayetano decidió retirarse por completo del confesionario, porque se sentía cansado y quería librarse de esta carga tan pesada para sus setenta y seis años. Don Fermín le recomendó a la Regenta una confesión general, lo que hace germinar una peligrosa intimidad entre los dos.
Ana, al irse a la cama reflexionó sobre aquella confesión general y evocó entonces su infancia,  la muerte de su madre una modista italiana a la que nunca conoció,  también recordó a su padre un librepensador que la dejó al cuidado de una aya llamada doña Camila, quien la maltrató, la menospreció y llegó a poner en duda su honra, a raíz de ser encontrada, Ana,  a los diez años en una barca en compañía de Germán, un niño de doce años. Tras la muerte de don Carlos Ozores, padre de Ana sus tías, unas rígidas solteronas de pueblo, se hicieron cargo de ella y le buscaron un marido apropiado, el cual es elegido con la ayuda de Frígilis.  El afortunado es entonces Regente de la Audiencia de Vetusta, don Víctor Quintanar, quien nunca cumplió con sus deberes conyugales, a pesar de los requerimientos de Ana.
Tras la primera confesión de Ana con su nuevo preceptor espiritual don Fermín, comparó la impresión que éste le ha producido con el estilo de Ripamilán, tan rutinario.  Ana vio en el Magistral  a una persona ilustrada, a un hombre de letras, le entusiasmó aquel fluir de palabras dulces, nuevas, llenas de una alegría celestial con las que  don Fermín le hablaba, iba a conocer y a sentir cosas nuevas, se sintió dichosa de tener un alma hermana con quien poder tratar todas sus inquietudes espirituales.
Desde la primera entrevista de Ana y de don Fermín, ambos quedaron prendados uno del otro.  Fermín se sintió atraído por Ana y  Doña Paula, madre del Magistral, comprobó un cambio en el comportamiento de su hijo, por lo que le advirtió del riesgo, que para su ascenso en la carrera eclesiástica, podía suponer un lío de faldas.
Algunos de los principales contertulios del Casino de Vetusta, se dedicaban a hacer comentarios sobre la Regenta y de la inquietante relación con su nuevo confesor Fermín de Pas.   Se comentan, además, las intenciones del Presidente del Casino don Álvaro Mesía, quien se dispone a incluir a Ana Ozores entre sus famosas conquistas amorosas.  Pepe Ronzal, liberal y amigo de don Víctor, salió en defensa de la Regenta frente a los chismes y maledicencia de Joaquín Orgaz.
Álvaro Mesía, acompañado de su íntimo amigo Paco Vegallana se dirigió al Palacio de los Marqueses de Vegallana, padres de Paco. Allí, encontraron a Obdulia Fandiño trajinando en la cocina y a Visitación Olías de Cuervo, ésta última antigua amante de Mesía, quien le anima a conquistar a la Regenta.
Ana, tras haberse confesado con don Fermín, regresa a su casa;  pero antes de entrar en ella, decidió dar un paseo por el campo en compañía de su criada Petra.  Al oscurecer, volvieron  por el boulevard en el que pasean los vestustenses de clase social más bien baja, y por la Calle del Comercio encontraron a don Álvaro Mesía y a Paco Vegallana quienes las acompañaron  hasta el portón del caserón de los Ozores.
La Marquesa de Vegallana pretende que los Quintanar vayan con ella al teatro a ver La vida es sueño de Calderón de la Barca;  pero sólo lo hizo don Víctor.  Ana quedó en casa y a oscuras, al buscar papel para escribir una carta para el Magistral, terminó atrapada en una trampa para zorros que su marido había estado preparando con su amigo Frígilis.  Petra ayudó a la Regenta en tal trance.  Al  pasear por los alrededores de la casa,  Mesía llamó a Ana tras la verja, ella huyó hacia la casa. 
Cuando Quintanar regresó del teatro Ana sufrió una de sus crisis nerviosas,  que le preocupaban mucho “aquella enfermedad misteriosa de Ana -porque era una enfermedad estaba seguro- le preocupaba y le molestaba.  No estaba él para templar gaitas: los nervios le eran antipáticos;  estas penas sin causa conocida, no le inspiraban compasión le irritaban,  le parecían mimos de enfermos;  él quería mucho a su mujer,  pero a los nervios los aborrecía”. [17]
Don Fermín trabajaba en su casa muy de madrugada.  Se acumulan comentarios de distinta índole sobre su habilidad como Proveedor de la Diócesis, actividad que le ha permitido enriquecerse arruinando a otros comerciantes como don Santos Barinaga.  A De Pas, lo que le importa ahora es la influencia que ejerce sobre Ana Ozores.  En tanto le atienden su madre doña Paula y su criada Teresina que fue contratada para satisfacer las debilidades carnales de  don   Fermín  y estar  a   su  total  disposición  para  evitar  posibles   escándalos.  Por  esta
razón doña Paula,  la tenía durmiendo muy próxima a la habitación de su Fermo, así llamaba Paula a su hijo.
De Pas  recibió una carta de la Regenta en la que se excusaba por no haber ido a comulgar y le pidió reconciliar.  Doña Paula desconfiaba. 
El Magistral salió de su casa para felicitar a algunos amigos en la festividad de San Francisco.  Luego de sus visitas y de despachar  varios  asuntos  se  dirigió a casa  de  los  Vegallana donde fue invitado a comer. Allí coincide con Ana Ozores y también con Mesía,  entre otros invitados.  Ana tendrá ocasión de comparar a los dos hombres que tanta participación empiezan ya a tener en su vida: don Fermín y don Álvaro.
Tras la comida en el jardín, de Pas hizo  alarde de su fuerza al rescatar a Obdulia Fandiño que había quedado enganchada en un columpio.  Después decidieron  todos ir al Vivero, finca en el campo de los Vegallana.  De Pas los acompañó sólo hasta el Paseo del Espolón.  Es muy comentado el hecho de ver descender a don Fermín del mismo coche en que Ana iba al Vivero.  El Magistral andaba a la aventura,  desosegado y celoso pensando en lo que podía estar ocurriendo en la finca campestre.  Volvió al Palacio Episcopal ya de noche y se enteró por el Obispo don Fortunato Camoirán,  que su madre había preguntado varias veces por él.  Retornó al Espolón esperando el regreso de los invitados al Vivero, hasta que los vio entrar en casa de los Vegallana.
Cuando regresó a su casa, encontró a su madre con grandes parches de sebo sobre las sienes,  evidente síntoma de su preocupación . Llena de recelo frente al daño que pueda causarle su relación con la Regenta, le recordó a sus enemigos y cada una de las faltas de que lo acusaban.  Además,  le echó en cara todos los sacrificios que ella a hecho por él.  
Don Santos Barinaga, borracho, regresó a su casa y promovió un gran alboroto llamando, ostentosamente, ladrones a de Pas y a su madre doña Paula, a causa de la tienda de ornamentos y objetos litúrgicos llamada  La Cruz Roja, que pertenecía a éstos y que había  sido motivo de su ruina y del fracaso de su  negocio. 
El Día de los Difuntos, hizo meditar a Ana.  Se asomó en el balcón llena de tedio a ver pasar la muchedumbre rumbo a la morada de los que ya no son ni serán más,  cuando vio con alegría aparecer en la plaza a don Álvaro montado en un caballo;  la conversación que sostuvo con él resultó ser liberadora para ella.
Mesía consiguió, de acuerdo con el marido de Ana, convencerla para que acudiera por la noche a ver una representación del Don Juan Tenorio de Zorrilla,  que ella desconoce.  El drama romántico produjo una gran impresión en la Regenta.  Todo el bienestar y la alegría que sintió ese día se evaporaron al siguiente, cuando el Magistral le hizo una larga visita y le reprochó su indolente actitud, por haber asistido al teatro contraviniendo las costumbres de la sociedad vetustense más piadosa.  El Magistral le recomendó la lectura de Santa Teresa de Jesús y otras obras piadosas, en otras palabras, quería que se convirtiera en toda una beata incondicional.  La Regenta no llegó a seguir los consejos del Magistral.  Las frecuentes lluvias producían en ella una pereza sin límite,  el constante gotear era un martirio,  el lodo y la humedad eran alicientes para alterar sus nervios.  El vetustense acostumbrado a esa vida submarina que duraba gran parte del otoño,  lo más del invierno y casi toda la primavera,  se las arreglaba de maravillas.  En esa temporada unos acudían a tertulias,  otros al casino y a los sermones y novenas de cuaresma.
La pereza, el nerviosismo,  un acercamiento a Dios por camino errado,  sus quimeras; hacían que Ana permaneciera alejada de la realidad circundante.  Don Víctor ajeno a los diferentes estados de ánimo de su mujer entraba y salía feliz,  mientras ella culpaba al universo de estar unida con semejante marido.
De Pas y Mesía se desesperaban por estimar que no avanzaban nada en su empeño de conquistar a la  Regenta.
La humillación que sentía don Álvaro fue grande y desconfiaba de su facultad de conquistar,  de su plan de ataque,  creía que ya iba a caer en descrédito.  Su vanidad estaba herida,  su fama de Don Juan rodaría por el suelo.  ¿Qué pensaría Paco que veía en él un héroe,  su ídolo? ¿Se burlaría Visitación de su fracaso? Todos los recursos de su larga carrera y de su experiencia carecieron de validez.
Una frase aquí,  una mirada allá,  una insinuación ahí,  fueron los primeros indicios que tuvo el Magistral de la certidumbre de la tentación de Ana y don Álvaro;  después de llegar a esta conclusión don Fermín exigió a Ana que se dispusiera a participar de las actividades religiosas y del culto.
Un fuerte quebranto de salud hizo permanecer a Ana Ozores en cama,  fue atendida por el médico Somoza inicialmente y luego por su sustituto el joven Benítez.  Su convalecencia fue larga y penosa y se entregó a la lectura de Santa Teresa de Jesús.  Tan pronto se sintió fuerte sus pensamientos volvieron a acosarla,  llegó a tener sueños infernales,  figuras grotescas,  hediondas,  percibió toda una gama de horrores.  De ahí que su dedicación para salvarse fue el objeto exclusivo de la temporada que siguió.
Mesía fue minando el terreno,  aprovechó infamemente la simpatía y amistad que le profesaba Quintanar, para introducirse en su hogar y así conquistar a la Regenta. Don Álvaro se hizo indispensable para el ex-Regente,  escuchó los largos y grandilocuentes discursos con aparente interés cuando en el fondo pensaba vengarse ultrajando el honor de aquel hogar al que entraba como amigo.
La maledicencia fue aumentada contra el Provisor del Obispo don Fermín, renovada por los frecuentes insultos de don Santos Barinaga frente a  la Cruz  Roja;  además se decía que el Magistral quería seducir y en camino estaba, nada menos que a la Regenta.  Los responsables de estos chismes eran los envidiosos clérigos Glocester y don Custodio.
Las actividades piadosas de Ana aumentaron el escándalo.  Mesía aborrecía de muerte al Magistral,  ya que él era el primer hombre y con faldas que le llevaba la delantera, el primer rival que le disputaba una presa con ganas de llevársela.
Ana, ajena a todo cuanto ocurría a su alrededor, permanecía imperturbable entregada a fuerza de voluntad a su misticismo.  Con el verano, cesaron un poco los rencores y represalias,  pues muchos de los que  llevaban los chismes salieron a tomar baños medicinales a otros lugares.  Los días que siguieron fueron de los más agradables para don Fermín.  Él y Ana habían estrechado más sus relaciones, sus conversaciones eran largas y gratas.  Seguía Ana en su falso misticismo, dada a la piedad y a extasiarse en la contemplación profunda, además pretendía atraer a su marido a las prácticas religiosas a las que ella se había entregado.
Al cabo de la tregua volvieron los enemigos del Provisor y redoblaron sus chismes y malsanos comentarios. La muerte por tisis de la joven Sor Teresa, hija de Carraspique, quien había entrado a la vida religiosa a consejos de don Fermín,  caldeó los ánimos que llegaron al punto de ebullición con la penosa agonía de don Santos Barinaga,  su muerte y su entierro civil. 
El desgraciado don Santos, entregó a la bebida lo poco que le quedó de su malogrado negocio.  A cada copa llovían injurias e insultos para los dueños de la Cruz Roja.  Los vecinos y curiosos esperaban la llegada del alcohólico para escuchar el ultraje al canónigo.  Quiso Dios que muriera de hambre y falta de vino,  renegando de la religión sin recibir los santos sacramentos y bajo la protección del ateo don Pompeyo Guimarán.  El cortejo fúnebre exento de elemento religioso lo dejó en su sitio fuera del cementerio.  Con esta muerte perdió el Magistral muchos simpatizantes,  pero él tenía el consuelo de su amistad con aquel ángel hermoso.
El tiempo transcurrió,  Ana se preparó para ir al baile del casino con el consentimiento de don Fermín.  Don Víctor instó a Mesía para que bailara con su mujer,  dieron pocas vueltas cuando Ana se desmayó en los brazos de don Álvaro.
A la mañana siguiente,  Ana se dirigió a casa de doña Petronila Rianzares,  lugar donde mantenía una relación espiritual con don Fermín,  allí se dio cuenta de la verdad,  aquel canónigo estaba enamorado de ella, enamorado como un hombre.  El Magistral no era el hermano mayor del alma, era un hombre que debajo de la sotana ocultaba pasiones,  amor,  celos,  ira.  La Regenta  sintió asco a la pasión impía del cura y llegó a compadecerlo.
Adoptó Ana por refugiarse en su casa.  La soledad le hizo concebir la esperanza de haber sido injusta con el Magistral y sin medir las consecuencias de su pecado, se reconcilió con él, imponiéndose un sacrificio para desagraviarle.
En la solemne y majestuosa procesión de viernes santo,  Ana se vistió de nazarena con larga túnica morada,  descalza y quizás muerta de vergüenza.  Don Víctor ocultado detrás de don Álvaro vio pasar a su afligida esposa.  El inocente Quintanar sentenció su muerte cuando le dijo a Mesía: “Lo juro por mi nombre honrado,  antes que esto prefiero verla en brazos de su amante.  Sí,  mil veces sí,  búsquenle un amante,  sedúzcanmela;  todo antes que verla en brazos del fanatismo”. [18]
En   la  misma  semana  de   la  Santa  Pasión  del  Señor,   recibió  él
Magistral el llamado del ateo don Pompeyo Guimarán quien yacía en el  lecho próximo a expirar;  su esposa y sus hijas no querían verle morir sin  haber recibido los sacramentos y él aceptó  complacerlas.
 El Magistral se dirigió antes a la casa de Ana,  pues había recibido una carta de ella. Fermín llegó a tiempo a la casa de don Pompeyo y logró confesarle.  El converso murió el Miércoles Santo.  El confesor, resplandeciente de dicha y satisfacción, encabezó el entierro recibiendo tributos de admiración.
Tras su salida en la procesión, Ana experimentó una nueva enfermedad o crisis. Para reponerse de  la misma, los Vegallana le ofrecieron  la finca del Vivero por sugerencia de Mesía.  En su estancia en el Vivero, Ana escribió un diario,  cartas al doctor Benítez y al Magistral quien notó que iba perdiendo fuerza sobre su amiga,  pero no se atrevió a forzarla. Sabía que su poca influencia iba declinando,  pero empeñado en no perderla, fingió no enterarse de lo que lo preocupaba.
En la finca del Vivero, Ana se deleitó con las delicias del ambiente primaveral,  de la compañía de su marido y de las frecuentes visitas de don Álvaro y Paco.  Su salud se fortaleció notablemente.  Durante la  temporada que habitaron el Vivero hubo convites, excursiones,  festividades, una de las cuales fue la de San Pedro.  El Magistral fue uno de los invitados a esta actividad,  llegó tarde cuando todos se habían marchado al pueblo vecino,  sólo  se  encontraba Petra, la criada de Ana, quien acompañó a don Fermín a buscarlos.  En el camino,  en la cabaña del leñador, Petra y don Fermín, tuvieron un encuentro quizás erótico, porque no se especifica, más bien se deja a la imaginación. 
Al regresar al Vivero cayó una súbita tormenta que provocó los celos del Magistral al imaginar a su Ana con Mesía.  Don Fermín se hizo acompañar por don Víctor para buscar a Ana bajo la lluvia. 
En su carrera desenfrenada, don Fermín,  no advirtió el aviso de que los otros estaban bajo techo. Su esfuerzo resultó inútil y tuvo que regresar a Vetusta mojado y de mal humor.
Conocido por Ana el episodio, comprendió que Mesía tenía razón al suponer en de Pas celos de amante.  La fiesta continuó,  unos se marcharon a la ciudad y otros se quedaron.
El otoño quedó atrás y con él, las idas y venidas al Vivero.  Una alegre nostalgia invadió a los concurrentes en ese último día.  A la vuelta a Vetusta, el entusiasmo continuó en el Palacio de los Vegallana.  Mesía aprovechó las circunstancias para declarar su amor a la Regenta y ella le correspondió. Pasaron los días y se intensificó, cada vez, más el acercamiento amoroso que terminaría con la entrega de Ana.
Quintanar ignoraba la adúltera relación de Ana con Mesía e invitó a éste a comer en su casa el día de Navidad. Aprovechó Víctor, para contarle a Álvaro de sus aventuras con Petra, ya que temía que su esposa se enterara de su infidelidad.  El despreciable amigo le prometió resolverle tan molesto asunto que en verdad aprovecharía  para sacar ventaja.  La deshonrada esposa temía a Petra por otras razones y era que descubriera su adulterio, su amante le contó la inquietud del ofendido anciano.  Mesía quiso deshacerse de Petra.  Se le presentó la oportunidad para romper todo lazo con ella, prometiéndole engañosamente colocarla en la fonda donde vivía.  Inicialmente sus citas con Ana fueron en casa de los Vegallana pero fueron  rápidas y furtivas.  Para tener más expansión y solazarse, le propuso trasladar sus encuentros amorosos al Caserón de los Ozores, o sea,  la casa donde vivía Ana con su esposo.  La poca dignidad que tenía aún, la hizo rechazar la posibilidad, pero la prefirió antes que frecuentar arriesgadamente otro lugar.  Para esto Álvaro contó con la complicidad de Petra que no admitió pago efectivo,  sino pago en amor, en favores sexuales, pero don Álvaro resultó en ocasiones remiso para el pago.
Petra, al saber que Teresina, criada del Magistral, iba a contraer matrimonio, ansiaba  ocupar su puesto y le reveló al Magistral todo lo que ocurría en la casa de Quintanar.  Nefastos pensamientos de venganza pasaron por la mente del turbado Magistral, pero acostumbrado a dominar sus impulsos se controló y planeó junto, con Petra, el castigo.
Petra, en su último día en casa de Ana, adelantó el reloj de don Víctor una hora antes de lo acostumbrado.  A Quintanar le pareció la mañana oscura, pero se vistió y fue al cenador del parque a esperar a Frígilis para ir de caza.  Al salir, oyó un ruido en el balcón de la habitación de Ana, de la cual salió un hombre envuelto en una capa. Mientras le apuntabas con el cañón de la escopeta, don Álvaro bajó del balcón,  subió la muralla y saltó a la calle.  Quintanar no tuvo el valor de dispararle,  se sintió abrumado por el descubrimiento y aún así salió de caza con Frígilis y al regreso, le contó todo a éste, su más fiel amigo.
El Magistral se presentó en casa de don Víctor para hacerle reaccionar,  ya que su deshonra era conocida en toda Vetusta.  Víctor se vio obligado a desafiar a Mesía y en el duelo murió de un tiro en la vejiga.  Mesía se fue a Madrid y desde allí escribió a la Regenta, quien se vio despreciada y abandonada por todos, excepto por Frígilis.  Volvió Ana a las prácticas religiosas y en la catedral se encontró con don Fermín.  La actitud de éste provocó un desmayo en la Regenta.  Así,  caída en el suelo del templo la encontró el acólito Celedonio, quien llevado por un deseo miserable y una perversión lúbrica, besó a la Regenta en los labios. Ana recuperó la conciencia como si rasgara las neblinas de una pesadilla que le provocaba náuseas, había creído sentir sobre la boca el vientre glutinoso y frío de un sapo. A los realistas y a los naturalistas y a los neorrealistas lo que se les reprocha es la gran crueldad que ejercen sobre sus personajes.


17 Alas, Leopoldo. La Regenta. Madrid: Espasa Calpe, S. A., 1984, Págs. 312-313
18 Alas, Leopoldo. Op. Cit.  pág. 675

16 comentarios:

  1. Yo me cago en los muertos de todos los putos literarios de los cojones que con su mierda de escritura nos joden cada generacion desde nuestros abuelos hasta los nietos de mis hijos.No hay ni dios que pueda leer una de sus malditas obras y entender una mierda de lo que vocalizan y maaaal porque encima ni viendote la puta representacion en forma de pelicula puedes ser capaz de entender de que trata la condenada obra. No hay peor manera de joder el bachillerato a un pobre estudiante de tan solo 17 años que no es capaz de entender ni una sola de las ''palabras'' que aparecen escritas teniendo además que completar la maldita lectura con su correspondiente examen y trabajo con el cual se juega el curso y con el su futuro.

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    1. Yo creo que está peor escrito lo que acabas de escribir tú, Sr.Unknown. Estoy de acuerdo en que no es bueno que nos fuercen a leer algo que no queremos, pero de ahí a quejarse como lo has hecho tú, escribiendo tan "maaaal"... En fin. Ten un buen día, espero que te salga bien el examen.

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    2. Pues, yo tengo casi 16 años, y simplemente, La Regenta me parece una maravilla. Es genial, gracias por el resumen. mañana toca examen de literatura, a ver si termino el libro que estoy leyendo y me lo empiezo. Una pena no haber sabido antes sobre el realismo y los grandes que engloba.
      Debería de estar estudiando y tal, así que ya me despido de verdad.
      Gracias de nuevo, y perdón si todo ha sonado absurdo, tenía ganas de comunicarme, aunque ni sé si esto va a ser leído.

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    3. pero es una pena porque el que está mal eres tú no los escritores, claramente no eres una persona que lee, no tienes las habilidades desarrollada para esto, si leyeras cualquier novela que te llame la atención y te interesaras más por cultivar tu inteligencia podrías llegar a leer este tipo de textos y otros más complejos, aunque leas paraliteratura desechable es algo.

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    4. Me creas o no, te han mandado leerte esta obra para que al menos sepas que hay otras maneras de ligar aparte del Whatsapp.
      Ah, y si no entiendes alguna palabra, hay una cosa que se llama diccionario campeón.

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    5. Me creas o no, te han mandado leerte esta obra para que al menos sepas que hay otras maneras de ligar aparte del Whatsapp.
      Ah, y si no entiendes alguna palabra, hay una cosa que se llama diccionario campeón.

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    6. Tú eres simplemente un gandul al que le da pereza leer. Y por lo que dices y la forma en que lo haces... Parece que tu coeficiente intelectual es incluso menor que tu nota de examen. Saludos.

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    7. Yo creo que, como adolescentes que tenemos que ganar nota con estos trabajos, doy mi opinión:
      siempre nos dicen siempre a que clase ir, a que colegio, que hacer .... yo creo que si hay que leer no hace falta leer un tocho de 800 paginas al fin y al cabo lo leeremos pero lo olvidaremos nada mas acabar yo creo que deberíamos leer cosas acordes con nuestro nivel y lo que nos guste por muy cultural que dogan que sea

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    8. Yo creo que, como adolescentes que tenemos que ganar nota con estos trabajos, doy mi opinión:
      siempre nos dicen siempre a que clase ir, a que colegio, que hacer .... yo creo que si hay que leer no hace falta leer un tocho de 800 paginas al fin y al cabo lo leeremos pero lo olvidaremos nada mas acabar yo creo que deberíamos leer cosas acordes con nuestro nivel y lo que nos guste por muy cultural que dogan que sea

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  3. me encanto, me dijeron que pasara a verlo y no me defraudo, lo voy utilizar para el trabajo de literatura. Muchas gracias

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  4. Al menos para mi gusto, esta novela es un bodrio; como lo fue durante muchos siglos la mayoría de obras de nuestro país, siempre con ese aire retrograda y curas y monjas de por medio, pero nunca un poco de alegría pal cuerpo, espiritualidad pura, viva, salvaje..

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  5. como cuando ves los comentarios para saber si esta bien lo que leeras lol

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  6. como cuando ves los comentarios para saber si esta bien lo que leeras lol

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  7. Me parece extraordinaria para gente mayor. Pero demasiado, por dificil, muy pesimista, demasiado sicoanalisis, contextos que un adolescente no conoce ni tiene por que importarle.

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  8. Gracias. Siempre he creído que las personas que no les gusta una obra por las temas que aborda (que porque habla de religión, que si son conservadores, que si le falta acción, que son descriptivas, etc.) es porque no leen un poquito sobre el contexto en que se desarrolló la historia, es fácil criticarlo desde nuestro mundo tecnológico donde nuestra sociedad ha cambiado, pero para entender las obras debemos entender qué había alrededor de ello.

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